Diario Rincón
DecÃa MarÃa Zambrano que educar es preparar para la libertad, preparar a cada chica y a cada chico para que sea quien desea ser, para que “se despierte a la realidad en modo tal que la realidad no sumerja su ser, el que le es propio, ni lo oprima, ni se derrumbe sobre él”.
A lo largo del siglo XX muchas mujeres (y algunos hombres) vieron con claridad que la escuela no estaba en condiciones de realizar esa tarea, primero porque las niñas no asistÃan a ella y, más tarde, porque lo que se les ofrecÃa era inadecuado.
Inadecuado porque reproducÃa los patrones sexistas de la sociedad y reproducÃa un orden social jerárquico y discriminador.
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Asà nació la demanda de coeducación, que si bien ha tenido un largo recorrido, se ha centrado en hacer posible una educación adecuada para las niñas (asumiéndose que la que se ofrecÃa a los niños sà lo era). Pero,¿qué significa adecuado para las niñas?
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 Durante mucho tiempo, la preocupación fundamental consistió en hacer posible que tuvieran acceso a la escuela; y, junto a ello, la lucha por hacer que la educación de las niñas no fuera un recurso para reproducir los estereotipos sexistas de la propia sociedad. Las dificultades en ese trayecto histórico han sido muchas y se han generado algunas confusiones:pensar que la escuela mixta podÃa ser suficiente, y no cuestionar el modelo de educación existente (el que fue creado para los niños), y hacer pensar que lo que era adecuado para las niñas era lo que ya tenÃan los niños.
Del feminismo y de la polÃtica de las mujeres hemos aprendido que coeducar es educar a cada una y a cada uno según quien es, atendiendo a su diferencia, y que al hablar de coeducar la referencia son tanto las niñas como los niños, aunque de diferente modo.
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Y también, que el horizonte de la libertad, si es tal, no puede estar limitado; por tanto, coeducar, para las niñas no puede significar tomar como referente válido el que ya tenÃan los niños. Y para los niños, significa repensar el que tenÃan asignado (y que, más allá de que se pueda ver como más “ventajoso” que el de las niñas, no por eso deja de ser también un mandato, una imposición).
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Coeducar es educar fuera del modelo dominante, el simbólico patriarcal, no reconociéndolo como fuente de sentido; y eso significa que tanto las mujeres como los hombres hemos de pensar de nuevo, desde otros referentes, qué significa ser una mujer, ser un hombre, en el contexto histórico en el que vivimos.
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